” 18 de Noviembre … “

NOTA:  Antes de que os adentréis en este articulo aclarar que es solo un hecho histórico de España, cada ideología es respetable en esta santa casa y no entrare en debate sobre este tema ya que cada uno opinara bajo su criterio y como ya he mencionado respetable por mi parte.
18 de Noviembre 1976 Las Cortes españolas, todavía franquistas, aprueban la “Ley de Reforma Política”, lo que implicará una importante transformación del sistema de representación política al consagrar la soberanía popular y crear unas instituciones que sustituirán a las de la llamada “democracia orgánica”. Se abre el camino a la democracia plena.
La Ley para la Reforma Política fue el instrumento jurídico que permitió articular la Transición española del régimen dictatorial del General Franco (una dictadura que provenía de laGuerra Civil Española) a un sistema constitucional democrático, una monarquía parlamentaria tal como se definió por la Constitución española de 1978 tras las elecciones generales de 1977.

El origen de esta trascendental ley se encuentra en el vigente régimen legal en el año 1975. España estaba regida por un sistema normativo pseudo-constitucional que se encontraba en las Leyes Fundamentales del Reino y en los Principios Fundamentales del Movimiento. Entre unas y otros sujetaban el modelo de Estado franquista. En estos textos legales se incluían, además, los procedimientos para enmendarlos o reformarlos. Esta fue la forma que recomendó Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino para pasar de un régimen autoritario a otro de libertades respetando las leyes vigentes. Desde esa perspectiva, la nueva norma sería una especie de octava ley fundamental del franquismo, que cumpliera la idea de Fernández-Miranda de avanzar hacia la democracia de “de la ley a la ley a través de la ley”, lo que evitaría vacíos de norma, que derivaran en una inestabilidad política. El resultado final constituyó una “voladura controlada del régimen”.

“… El Rey podrá someter directamente al pueblo una opción política de interés nacional, sea o no de carácter constitucional, para que decida mediante referéndum, cuyos resultados se impondrán a todos los órganos del Estado…” “… Si el objeto de la consulta se refiere a materia de competencia de las Cortes y éstas no tomaran la decisión correspondiente de acuerdo con el resultado del referendúm, quedarán disueltas, procediéndose a la convocatoria de nuevas elecciones…”

El Gobierno de Adolfo Suárez no encontraba una fórmula viable para impulsar la urgente reforma del sistema franquista, a pesar de los esfuerzos que realizaron Manuel Fraga yAlfonso Osorio con sendos proyectos de reforma. El tiempo se echaba encima y las prometidas reformas hechas a los grupos de oposición democrática no llegaban por la fuerte oposición del llamado búnker. Éste no era sino la representación gráfica del sector inmovilista franquista que veía como se trataba de desmantelar el régimen. Por tal motivo, desde los organismos de poder que controlaban, Consejo Nacional del Movimiento, Consejo del Reino y Cortes Españolas, mantenían una durísima resistencia a cualquier cambio.

Así pues, el Presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda redactó un breve texto articulado con su correspondiente exposición de motivos, entregándolo a Adolfo Suárez. Durante el proceso de estudio y aprobación por parte del Consejo de Ministros se retocan algunos detalles y se varía la exposición de motivos que, tras el informe del Consejo Nacional del Movimiento, y antes de su presentación a las Cortes es suprimida definitivamente.

El proyecto se sometió a votación a las 21:35 horas del 18 de noviembre de 1976 ,a pocas horas del primer aniversario de la muerte de Franco —20-N de 1975— con el resultado de 425 votos a favor, 59 votos en contra y 13 abstenciones. Esta votación y la consecuente aprobación de la Ley para la Reforma Política se conoce como el

«harakiri de las Cortes franquistas».

Sin embargo, la historiografía posterior ha contribuido a desmitificar esta equívoca afirmación que parecería sugerir la renuncia voluntaria a esa misma línea de legitimidad franquista que nunca dejó de vertebrar el curso y discurso político de los asistentes a Cortes y aún del ejecutivo encabezado por Adolfo Suárez. Frente al cerramiento de minúsculos sectores del búnker o de Alianza Popular, atrincherados en posiciones integristas más puramente suicidas, el sí dado a la Ley para la Reforma Política constituyó la adopción de una senda políticamente definida al margen de la autodenominada como oposición democrática esto es, la Platajunta o Coordinación Democrática, que permitió reconducir la transición desde posiciones aún más asimétricas. Un fortalecimiento que además se permitió el lujo de maquillarse en esa hipérbole de la inmolación programática, convirtiéndose en una ordalía casi poética de un régimen que se entregaba a sí mismo como víctima primero irredenta y luego propiciatoria hacia una democracia intachable.

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