” 14 de Octubre … “

 

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En 1536 muere en Niza (Francia) Garcilaso de la Vega, poeta y militar español del Siglo de Oro, considerado uno de los escritores castellanos más grandes de la historia. Las escasas obras que de él se conservan serán publicadas por primera vez siete años después de su muerte.

  Garcilaso de la Vega y Guzmán nació en Toledo el 30 de septiembre de 1499, según la más reciente hipótesis, y murió en Niza el 14 de octubre de 1536. Conformó el modelo cabal de caballero renacentista y su obra supuso para nuestra poesía la asimilación plena de la modernidad y la incorporación de las formas renacentistas italianas, siendo unánimemente reconocido como “el príncipe de los poetas en lengua castellana”.
Si encarnó el arquetipo de poeta-soldado no lo fue por propia voluntad sino por la fuerza de las circunstancias. Dentro de su armadura de maestre de campo y capitán él se describió como un “conducido mercenario” y sus versos están llenos del lamento de quien se sentía forzado a ser soldado.
Una primera circunstancia determinó su futuro: Nació segundón, en el seno de una familia de la mediana aristocracia castellana, y, al uso de la época, sus padres organizaron su destino orientándolo hacia el servicio del rey.
Su vida parecía abocada a brillar en una corte refinada como correspondía a la época del esplendor renacentista; pero sobre su existencia gravitará determinantemente la personalidad militarista e itinerante de Carlos V, menos humanista que soldado, que arrastró la biografía de nuestro poeta por los campos de batalla, persiguiendo un sueño de imperio al que Garcilaso terminará sacrificando su vida.

Familia

    Garcilaso fue el tercer hijo (segundo varón) de los siete que tuvieron Pedro Suárez de Figueroa, señor de los Arcos, con doña Sancha de Guzmán, señora de Batres. Ambos sirvieron en la corte de los Reyes Católicos, y en su matrimonio, a buen seguro, intervino la mano muñidora de Isabel la Católica.
Su padre, don Pedro Suárez de Figueroa, fue educado en la corte de Enrique IV. Luchó en la guerra de Granada. Fue embajador de los Reyes Católicos en Roma ante Alejandro VI. Ayo del infante don Fernando y Comendador mayor de la Orden de Santiago. Ostentó numerosos cargos en la corte de los Reyes Católicos. Adquiere el señorío de Cuerva en 1493, en cuya iglesia parroquial fue enterrado junto con su mujer y su primogénito Pedro Laso de la Vega.
Su madre, doña Sancha de Guzmán, era la IV señora de Batres, biznieta de Fernán Pérez de Guzmán, autor de “Generaciones y Semblanzas” (tío del Marqués de Santillana).
Garcilaso tuvo seis hermanos. Fue un segundón y, por tanto, casi completamente desheredado por la ley del mayorazgo. Sólo recibió, como herencia a la muerte de su padre, 80.000 maravedíes sobre los derechos de pasto de la ciudad de Badajoz.

    En su época, nombres y apellidos se cambiaban a voluntad; no había una norma establecida. Su padre, que se llamó Pedro Suárez de Figueroa, decidió en cierto momento cambiar su nombre por el de “Garcilaso de la Vega”, que ya habían llevado algunos ilustres antepasados.

    Recibe una educación aristocrática, quizá de la mano de Pedro Mártir de Anglería (al igual que su hermano mayor, Pedro Laso) aunque no es descartable que recibiera instrucción de manos de algún canónigo de la catedral toledana. Asimismo, tiene a Juan Gaitán como ayo. Domina el latín y el griego y probablemente conocería algo de italiano y francés (el idioma que se hablaba en la corte de Carlos V). Toca la cítara, el arpa y el laúd. Pasa temporadas en el castillo de Batres (Madrid), señorío de la madre, así como en los señoríos paternos de Cuerva (Toledo) y Los Arcos (Badajoz).

Llegada a España de Carlos V

    En 1517 llega Carlos V a España. Garcilaso ha estado preparándose para este momento. Su objetivo es pasar al servicio del nuevo monarca, para lo que cuenta con la protección de los Duques de Alba.
En Valladolid asistió junto con su hermano mayor Pedro Laso a rendir pleitesía a Carlos V junto con la nobleza y grandes del reino.
Los toledanos aguardan la venida de Carlos V a Toledo para que asiente en ella la corte y reparta cargos entre la nobleza toledana. Sin embargo, Carlos V viaja a Zaragoza y a Barcelona, pero no a Toledo. Al mismo tiempo reparte cargos sólo entre los cortesanos flamencos, lo cual origina el resentimiento de los castellanos en general y de los toledanos en particular.
Pedro Laso y Garcilaso intentan entrevistarse con Carlos V para pedirle que viaje a Toledo pero el secretario de Carlos V, Chievres, se lo impide. En Toledo los Ayala y los Silvas se dividen, aquellos en contra de Carlos V y estos a favor.

Destierro de Toledo

    El 1 de junio de 1519, Garcilaso amenaza con armas a los canónigos de la catedral toledana, con los que rivaliza sobre el patronato del Hospital del Nuncio. Por ese incidente es condenado a un destierro de tres meses y a pagar 4.000 maravedíes de multa.

Guerra de las Comunidades

    Se convocan Cortes en Santiago de Compostela. El hermano mayor de Garcilaso, Pedro Laso, va encabezando la delegación de Toledo y Garcilaso lo acompaña. Los procuradores de Toledo y los de Salamanca se niegan a participar en las Cortes e intrigan entre el resto de los procuradores. Carlos V destierra a Pedro Laso a su alcaidía de Gibraltar. Los toledanos se alzan en rebeldía asaltando las puertas y puentes de la ciudad y expulsando a Juan de Ribera y los suyos, entre ellos a Garcilaso, que por esas fechas es nombrado “contino” del séquito del emperador.
Los destinos de Garcilaso y su hermano Pedro Laso se separan. Pedro es el cabeza de los Comuneros. Garcilaso opta, a su pesar pero condicionado por sus circunstancias personales, por los imperiales y se reúne en el castillo del Águila con don Juan de Ribera y los suyos. Desde allí hostigan el avituallamiento de la ciudad.
En las cercanías de Olías, el 17 de agosto de 1521, tiene lugar una batalla en la que Garcilaso es herido en el rostro.
Pedro Laso, al ver el cariz popular que adquiere la rebelión comunera, huye a Portugal. Hay un armisticio entre los sitiadores y los sitiados, entre cuyas condiciones figura que Garcilaso, entre otros, no entre en la ciudad hasta tanto no regrese el Emperador. Entretanto, se produce un incidente armado y María Pacheco tiene que huir. Los comuneros son duramente represaliados.
Garcilaso entra en Toledo el 6 de febrero de 1522. Su casa ha sido saqueada. En adelante, se esforzará en recomponer el patrimonio familiar y en conseguir el perdón para su hermano Pedro Laso.

Un hijo ilegítimo

    Por estas fechas le nace a Garcilaso un hijo ilegítimo (Lorenzo) tenido con doña Guiomar Carrillo, una joven de prominente familia toledana. La razón por la que Garcilaso y Guiomar no se casaron cabe atribuirlo a la adscripción comunera de la familia de la joven. Sin embargo, es de suponer, pues así lo indica la propia Guiomar en su testamento, que el poeta y la joven siguieron manteniendo relaciones durante “mucho tiempo” después, al menos hasta el matrimonio del poeta en 1525.

En Vitoria

    Garcilaso viaja a Vitoria (donde se encuentran los gobernadores imperiales intentando recobrar Fuenterrabía a los franceses), para cobrar los atrasos (126.000 maravedíes) que le debe la Chancillería. Lleva un aval acreditativo de Juan de Ribera sobre su buen comportamiento en la Guerra de las Comunidades al servicio del Emperador.

El regreso de Carlos V

    El 16 de julio de 1522 regresa Carlos V a España y Garcilaso está entre los nobles que le esperan en Santander. Entre los que regresan se halla el duque de Alba, don Fadrique, protector de Garcilaso. En la corte se configuran dos bandos: los partidarios del perdón a los excomuneros y los partidarios de su castigo. Carlos V viene con un fuerte ejército y apenas desembarca ordena decapitar a algunos de los principales cabecillas comuneros que aguardaban en las cárceles. Además, inicia gestiones con el rey de Portugal para conseguir la repatriación de los que, como Pedro Laso, permanecían refugiados en la corte portuguesa. Al fin, la intercesión de muchos nobles y clérigos, incluso del mismo Papa, consigue que Carlos V proclame en la plaza mayor de Valladolid el llamado “perdón general”, con excepción de 293 cabecillas comuneros, entre los que se encontraba Pedro Laso.

Protegido de la Casa de Alba

    En Valladolid, Garcilaso estrecha amistad con Juan Boscán, al que ya conocía como ayo de don Fernando Álvarez de Toledo, adolescente por entonces de quince años de edad. Boscán se convierte en el mejor amigo y confidente de Garcilaso. Su nombre quedará unido para siempre al de Garcilaso como su alter ego y destinatario de algunos de sus poemas, así como el responsable junto con su mujer de la publicación póstuma de los versos del poeta.
Garcilaso trata de afianzarse en su posición de protegido de la casa de Alba y establece con ella sólidos lazos clientelistas.

Gentilhombre de Borgoña y caballero de Santiago

    A primeros de julio de 1523 se convocan Cortes en Valladolid. Los procuradores castellanos exigen que los cargos de su servicio se diesen “a naturales de estos reinos”. Unos días después Garcilaso es nombrado Gentilhombre de Borgoña con un sueldo que doblaba el anterior de contino.
En la probanza de nobleza de Garcilaso, un tal Pedro Cabrera declara que aquél tiene 25 años más o menos y que es vecino de Toledo. El poeta es investido caballero de la Orden de Santiago el 16 de setiembre de 1523.
Carlos V pone en venta el señorío de los Arcos. Como consecuencia, Pedro Laso se encastilla con algunas tropas dispuesto a impedirlo. Intercede el rey de Portugal y se evita la venta.

La campaña de los Pirineos y de Fuenterrabía

    Después de las cortes de Valladolid, Carlos V hace un llamamiento general a grandes y caballeros para la guerra contra Francisco I de Francia. Se trata de hacer desistir a éste de su propósito de invadir los territorios imperiales de Italia. Garcilaso parte con el ejército de Pamplona hacia los Pirineos.
El objetivo inmediato era Bayona, pero calibrando su mermado poder ofensivo a causa de las dificultades del paso de los Pirineos, se decide recuperar Fuenterrabía. La ciudadela se rinde a cambio de generosas condiciones de capitulación. Don Fernando Álvarez de Toledo, a los 16 años, es nombrado gobernador de la plaza y entra presidiendo el desfile militar. A su lado, Boscán y Garcilaso.

En Portugal conoce a Isabel Freire y a Beatriz de Sá

    Cuando se disuelve el ejército de Fuenterrabía, Garcilaso va a Portugal para encontrarse con su hermano Pedro Laso. Entre las damas de la infanta Isabel de Portugal conoce a Isabel Freire. Hay toda una mitología entorno a los supuestos amores de Garcilaso e Isabel Freire. La Égloga I se da como autobiográfica desde los primeros comentaristas de la segunda mitad del XVI (Herrera, Antonio de Fonseca y el Brocense). Manuel Faria de Sousa afirma que Galatea y Elisa (Égloga I) son Isabel Freire. Sá de Miranda escribe una égloga en la que identifica a Garcilaso con Nemoroso. En 1924 Hayward Keniston señala que el manuscrito de Pascual Gayangos contenía una copla encabezada por el título: “A Isabel Freire, porque casó con un hombre fuera de su condición”.
Junto a Isabel Freire, Garcilaso conoce en la corte portuguesa a otra de las damas de Isabel de Portugal, Beatriz de Sá, que acabará casándose con su hermano Pedro Laso, y a la que se ha sugerido como el amor secreto de Garcilaso (en lugar de Isabel Freire) antes de su estancia en Italia, donde otras sirenas ocuparán su corazón.

Negociación de boda

    Carlos V entra en Toledo por vez primera el 27 de abril de 1525, donde celebra cortes y permanece casi diez meses. La ciudad se vuelca en fiestas y homenajes. Se halla exultante porque acaba de obtener una gran victoria en Pavía y Francisco I es su prisionero.
Tanto Carlos V como Garcilaso negocian sus bodas respectivas. A Carlos V son las cortes la que le señalan esposa en Isabel de Portugal, y en el caso de Garcilaso será doña Leonor, la hermana de Carlos V, la que le señale a una de sus damas de su compañía: Elena de Zúñiga.
Como Carlos V y doña Leonor sólo coincidieron del 21 de septiembre al 6 de octubre de 1525 en Toledo, podemos suponer que fue entre esas fechas cuando Garcilaso y doña Elena contrajeron matrimonio.

Su situación financiera

    En agosto de 1525 se tasan los bienes de Garcilaso en 7.500.000 maravedíes (la casa que posteriormente compran para vivir les cuesta 550.000 maravedíes).
El 25 de agosto se dicta una orden subiéndole el sueldo a 60.000 maravedíes al año pagaderos cada tres años. Por su parte, su madre amplía los 80.000 maravedíes que cobraba por derechos de pasto en Badajoz a 200.000 maravedíes anuales. La dote de doña Elena asciende a 2.575.000 maravedíes, de los cuales un millón proviene de la donación del emperador, 600.000 del rey de Portugal, 375.000 de la ex-reina doña Leonor, y la propia doña Elena aporta 600.000 maravedíes en joyas de oro, piedras, perlas y atavíos.
El Duque de Alba, don Fadrique, y don Fernando Álvarez de Toledo piden a Carlos V una encomienda de 100.000 maravedíes para Garcilaso. Pero no se la concede.

Boda imperial en Sevilla

    El 10 de marzo de 1526 se casan Carlos V e Isabel de Portugal en Sevilla. Un mes antes había casado Pedro Laso con Beatriz de Sá en Elvas. Los frutos de la estrategia matrimonial del excomunero fueron inmediatos: Carlos V decretó su perdón, aunque no se le permite permanecer a menos de cinco kilómetros de la corte.
Cuando Garcilaso regresa a Toledo, resuelve el cobro de varias deudas.
Su hermano Francisco, canónigo de Badajoz, prior de Cazorla y cura de Batres, hace renuncia de su herencia en él.

 Boscán y Navagero

    Desde Sevilla la comitiva real se desplaza a Granada huyendo del calor. En el Generalife granadino tiene lugar la conversación entre Boscán y Andrea Navagero, embajador de Venecia, en la que éste le anima a intentar los metros italianos.

El fin del letargo

    El paréntesis de relax que supone la boda de Carlos V se rompe: el Parlamento de París declara nulo el Tratado de Madrid; los turcos invaden Hungría; y se establece la Liga de Cognac entre el Papa Clemente VI, los reyes de Francia y de Inglaterra, la Señoría de Venecia y el Ducado de Milán. Se recrudecen los problemas de la Reforma Protestante.
Carlos V convoca cortes en Valladolid para conseguir fondos de cara a las campañas que se avecinan. De camino, la corte pasa las navidades en Toledo.
El 24 de enero, a punto de unirse a la corte en Valladolid, Garcilaso da un poder notarial a su mujer para que compre unas casas en la colación de San Bartolomé de Sonsoles. Sin embargo, no llegan a comprarla.
Se produce el saco de Roma, siendo su hermano Fernando de Guzmán soldado en el ejército de Italia.
De marzo a agosto se somete a debate entre frailes y teólogos de las universidades de Valladolid, Salamanca y Alcalá la ortodoxia de las ideas de Erasmo. El debate se salda con el triunfo de las tesis de Erasmo. El mismo Carlos V escribe una carta elogiosa al humanista. En aquel momento decir erasmista era decir imperial, en contraposición al nacionalismo que preconizaban otros en España. Garcilaso morirá antes de que Carlos V evolucione en sentido contrario.

Compra unas casas

    El 11 de marzo de 1528 Garcilaso compra unas casas en la calle real de Toledo, por 550.000 maravedíes, para su vivienda familiar. Hasta entonces Garcilaso y su mujer habían habitado en la casa de la madre del poeta, situada a muy corta distancia.

La muerte de su hermano Fernando

    Pretextando el saco de Roma, Francisco I de Francia ataca Nápoles el 1 de abril de 1528, que es asediado por la flota de Andrea Doria. El hermano de Garcilaso, Fernando, que es soldado en el ejército de Nápoles, muere a consecuencia de las penosas condiciones derivadas del asedio.

Preparativos del viaje a Italia

    Desde octubre de 1528 a marzo de 1529 permanece en Toledo Carlos V (y con él, Garcilaso) organizando el ejército antes de partir para Italia. Recibe a Hernán Cortés y a Francisco Pizarro.
El emperador quiere viajar a Italia para ser coronado por el Papa con la corona de hierro de Lombardía y la corona imperial; sosegar los estados italianos; atajar el peligro turco y convocar un concilio contra los luteranos.
En febrero de 1529 muere en Toledo Baltasar de Castiglione. Para entonces había sido destituido como embajador del Papa porque éste sospechaba de su traición, al no haberle advertido del saco de Roma. Carlos V lo colmó de honores y le dio el obispado de Ávila, pero no llegó a tomar posesión al sobrevenirle una muerte repentina.

Isabel Freire se casa con don Antonio de Fonseca

    Por las fechas en que Garcilaso prepara su viaje a Italia se casa Isabel Freire con don Antonio de Fonseca, regidor de Toledo al igual que Garcilaso, y miembro de la nobleza. Los que defienden la hipótesis biográfica de la Egloga I creen que Fonseca es aludido en ella y de ahí deducen que era un compendio de tachas, lo que apoya el que subtituló la copla II: “…porque casó con un hombre fuera de su condición”.

Testamento

    Garcilaso redacta su testamento, al igual que el emperador, en Barcelona, a punto de embarcar para Italia. El del poeta está fechado el 25 de julio de 1529 y rubricado por su amigo Juan Boscán y su hermano Pedro Laso, entre otros testigos.
Instituye su mayorazgo en su primogénito por línea de varón.
Declara que sus rentas son: 120.000 maravedíes de las dehesas de La Lapa y del Rincón de Gila en Badajoz; rentas de hierba cedidas por su madre doña Sancha de las dehesas de Castrejón, Albadalejo y Allozar; y la renta del pan y tributos de Bargas.
Manda que quien haya de heredarle adopte el nombre de “Garcilaso de la Vega y de Guzmán”.
Ordena que, en caso del fallecimiento de sus herederos, su descendencia pase al hermano de Pedro Lasso y después al Comendador Mayor de Santiago.
Sus hijos, por entonces, son: .1.- Lorenzo, hijo natural, tenido con su amante doña Guiomar Carrillo. 2.– Garcilaso, que morirá niño antes de 1537. 3.– Íñigo de Zúñiga, que morirá a los 27 años en la toma de Ulpiano, contra los franceses, en 1555. 4.– Pedro de Guzmán, recién nacido por esas fechas (1529) y que a los catorce años profesará en el convento de San Pedro Mártir de Toledo.
Posteriormente a la fecha en la que firma el testamento, le nacerán a     Garcilaso otros dos hijos: 5.– Sancha, nacida en 1532 (la que finalmente vendrá a heredarle tras el fallecimiento o renuncia de sus hermanos varones). 6.– Francisco, nacido en 1534, que morirá en la infancia.
El testamento adjunta un memorial con encargos de pagos y obras pías que desea se cumplan tras su muerte: Misas, limosnas para cera a Santa Leocadia; limosnas para el casamiento de huérfanas de esta parroquia o, en su defecto, de Cuerva o Batres. Desea ser enterrado en su capilla de San Pedro Mártir, pero “si muriese pasada la mar”, ordena que lo dejen donde lo enterraren. Hace una relación de acreedores, donde aparecen desde el cura de las Ventas hasta un canónigo de la catedral (¿tal vez su antiguo preceptor?); un barbero del que dice “que me ha servido algunos días sin darle nada”; varias deudas a dos pajes suyos y a su hermano Francisco, y aclara que debe un marco de plata al Ayuntamiento de Toledo; cargos de la Guerra de las Comunidades y de la de Fuenterrabía.
En el testamento, Garcilaso afirma asimismo que tiene un hijo ilegitimo llamado “don Lorenzo” (el hijo tenido con doña Guiomar Carrillo unos ocho años antes), para el que deja dispuesto que se le pague una carrera en una buena universidad para ser letrado o cura. No menciona la identidad de la madre, aunque debía de ser de conocimiento público.
Por otro lado, alude a cierta moza llamada Elvira, de un pueblo de Extremadura cerca de los Arcos, de la que dice que cree que es “en cargo de su honestidad” y ordena que “envíen allá una persona honesta y de buena conciencia que sepa de ella si yo le soy en el cargo sobredicho, e si yo le fuere en él, denle diez mil maravedíes, e si fuere casada téngase gran consideración en esta diligencia a lo que toca a su hora y a su peligro”.

Italia

    El 28 de julio de 1529 se embarca la corte para Italia. El emperador se hace cortar el pelo imitando el aspecto de los antiguos romanos aunque con el añadido de la germánica barba. Garcilaso cambia también su anterior melena por el rapado típico de la estatuaria cesariana, sin omitir el complemento carolino de la barba.
Se hace un espléndido desembarco en Génova, a donde acuden cardenales y embajadores de todos los estados italianos. Pero la coronación tiene lugar en Bolonia, donde se hace una entrada solemne con presencia del Papa, que recibe a Carlos V a la puerta de la catedral.
La coronación como Emperador de Romanos tiene lugar el día en que Carlos V cumple treinta años. El tablado de maderas que une el palacio pontifical con la catedral se derrumba al paso de la comitiva, causando algunos muertos y heridos.
Se firma la paz entre los estados católicos, incluyendo a Francisco I, con la excepción de Florencia y los luteranos.
Garcilaso regresa a Toledo hacia junio de 1530.

Espía de la emperatriz

    A su regreso a Toledo, la emperatriz Isabel lo envía a Francia con la misión oficial de felicitar a Doña Leonor y a Francisco I por su matrimonio, celebrado poco antes, pero también para que espíe el trato que el rey dispensaba a la reina así como la situación militar en la frontera con Italia.
Su viaje debió de transcurrir felizmente porque más tarde hará alusión de él en su epístola a Boscán, alabando los caminos y las posadas de Francia.

La boda de su sobrino

    En agosto de 1531, Garcilaso se ve envuelto en un incidente de importantes consecuencias para su futuro. Se halla por entonces en Ávila, donde mora la corte de la Emperatriz. Según su propia declaración, un paje le avisa después de comer de que vaya a la catedral; allí se encuentra con que va a tener lugar la boda entre un sobrino suyo, llamado como él, Garcilaso, de 14 años de edad, con una niña de 11 llamada Isabel de la Cueva, heredera del duque de Alburquerque y poseedora de una gran fortuna. Se trata de unos esponsales clandestinos que no cuentan con el conocimiento de los Emperadores.
Poco después Garcilaso parte junto con el futuro Duque de Alba hacia Alemania, donde el emperador reúne las fuerzas del imperio para luchar contra el turco que amenaza a Viena. Cuando Garcilaso y Don Fernando se hallan cerca de la frontera, en Tolosa, les sale al paso el Corregidor de Guipúzcoa con el encargo de la Emperatriz de tomar declaración a Garcilaso. Éste trata de eludir su respuesta con ambigüedades, pero al final se ve forzado a confesar que sí estuvo presente en la boda. La emperatriz le manda salir desterrado del reino.

Viaje a Alemania

    En febrero de 1532, Garcilaso y don Fernando Álvarez de Toledo atraviesan la frontera camino de Alemania. Cabalgan a través de Francia hasta París, donde el Duque de Alba cae enfermo y se detienen varios días hasta que recobra la salud. Prosiguen hasta el Rin. Lo remontan creyendo que el Emperador está en los Países Bajos pero acaba de marchar al sur de Alemania, de manera que después de visitar Colonia tienen que descender por el río camino de Ratisbona. Luego se deslizan por el Danubio, que también despierta en él versos admirados. Llegan a Ratisbona y a pesar del esfuerzo del duque de Alba en interceder por Garcilaso, el emperador lo manda desterrar de la corte por plazo indefinido a una cercana isla del Danubio, cerca de Ratisbona. Allí estará tres meses, en los que escribe la canción III, lamentando haber caído en desgracia con el emperador, si bien elogia la belleza del entorno.
Después de insistentes ruegos del duque de Alba y del tío de éste, don Pedro de Toledo, el César resuelve que Garcilaso debe decidir entre marcharse a Nápoles con don Pedro, que acaba de ser nombrado Virrey de aquel reino, o ingresar en un convento. Garcilaso, sin dudarlo, elige servir al Virrey.

Viaje a Nápoles

    Parten el Marqués de Villafranca y Garcilaso hacia Nápoles. Les van recibiendo espléndidamente por donde pasan (en Siena les ofrecen una comedia interpretada por “muchas bellas y nobilísimas mujeres”) de lo cual van dando cuenta casi diaria al emperador. Pasan por Roma, donde son huéspedes del Papa durante diez días.
Llegan a Nápoles después de un mes de viaje. El virrey fija su residencia en Castelnuovo. Inmediatamente Garcilaso es nombrado “lugarteniente de la compañía de gente de armas del Virrey” con sueldo de 100.000 maravedíes al año.
La situación es caótica y hay una facción de nobles opuesta al emperador. También hay un conato de peste.

Viaje a España

    El virrey de Nápoles envía a Garcilaso a Génova con un mensaje para el césar, pero cuando llega, éste ya ha embarcado para Barcelona. Entonces Garcilaso embarca tras él.
En Barcelona cumple con su misión de informar al emperador pero también hace algo más: visita a su amigo Juan Boscán. Allí descubre con alegría que éste, animado por la mujer de un primo hermano de aquel llamada Gerónima Palova de Almogávar, se encontraba dando término a la traducción al castellano de “El Cortesano”, de Baltasar de Castiglione, obra por la que Garcilaso sentía predilección. La alegría que siente por este hecho le mueve a escribir una carta de agradecimiento a Gerónima Palova, que es la única muestra de prosa literaria que tenemos de Garcilaso. Este texto será incluido por Boscán como prólogo a la edición de su traducción. Por ella sabemos la alta estima que tenía Garcilaso por la obra del “Conde Castellón”; del entusiasmo que sentía por la traducción de su amigo y del escaso aprecio que profesaba por la prosa castellana anterior: “Porque yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien excusar”. Garcilaso afirma que participó con Boscán en “la postrera lima” del libro.

    Acompaña al Duque de Alba, que viaja al interior para encontrarse con su familia (de lo que da cuenta Garcilaso en su Égloga II), y el poeta hace lo propio. Probablemente permanece tres meses en Toledo.

    A su vuelta a Nápoles (junio 1533), escribe la Egloga II, la más extensa (1885 versos) y la primera de las tres que compuso. No se le conoce dedicatoria.
Este año 1533-34 que pasa en Nápoles es uno de los más gozosos de su vida.  Días de fiestas palaciegas y amoríos. El prestigio de Garcilaso en el círculo de los humanistas napolitanos es enorme. Garcilaso alude a un amor napolitano que tal vez es Catalina Sanseverino, a la que al morir adeuda el poeta 300 ducados, que serán, curiosamente, los únicos que su mujer no reintegre de entre las deudas del poeta.
A este tiempo corresponde la lira ” A la flor de Gnido”, barrio napolitano (conocido como “Nido”, de donde Gnido sería una alusión a la Venus de Cnido o Gnido, de Praxíteles) donde vivía Violante Sanseverino, el amor de Mario Galeota, por quien escribe una oda de imitación horaciana.
A esta misma época corresponde el soneto XXIII (“En tanto que de rosa y azucena”), uno de los más bellos de Garcilaso.

Último viaje a Toledo y muerte de Isabel Freire

    En los primeros meses de 1534 viaja a Toledo, donde se halla el Emperador, siendo portador de alguna misión del virrey. Allí conoce la muerte de Isabel Freire (¿o tal vez Beatriz de Sá?), ocurrida unos meses antes, al dar a luz a su tercer hijo, y la dedica el soneto XXV.
A mediados de abril de 1534 abandona Toledo. Ya no volverá a pisar su ciudad natal.

    En mayo, estando ya en Nápoles, aborda la composición de la Égloga I, la segunda de las que compone, considerada la obra suprema de Garcilaso. Recrea elementos de las églogas virgilianas y resuenan los ecos de Petrarca, Ovidio, Ariosto y Sannazaro.

Barbarroja

    En el verano de 153, Barbarroja ataca las costas de Italia. El Marqués de Villafranca, don Pedro de Toledo, envía a Garcilaso a dar informe de ello a Carlos V. El césar está en Palencia huyendo de la peste declarada en Valladolid.

Alcaide de Ríjoles

    Entre tanto, el virrey escribe a Carlos V solicitando la plaza de Ríjoles (hoy Regio Calabria) para Garcilaso.
Regresa a Nápoles por tierra: en Avignon, donde está enterrada Laura, la “fiammeta” de Petrarca, visita su tumba. Escribe desde allí una epístola a Boscán donde habla de las malas condiciones del camino. Es la primera vez que se escribe en castellano una epístola horaciana en endecasílabos libres:
Garcilaso transporta las órdenes de Carlos V concernientes a la formación de una gran armada para atacar a Barbarroja en Túnez.
Se recibe la confirmación del nombramiento de Garcilaso como Alcaide de Ríjoles, pero dimite del cargo ocho meses después.
El virrey escribe al césar intercediendo por Garcilaso para que se detenga el proceso que éste ha abierto contra la Mesta por negarse a pagar los tributos de pasto en Badajoz, porque Garcilaso alega que no puede ocuparse de ello ya que está sirviendo al emperador en Italia. Carlos V se lo niega.

La campaña de Túnez

    Se proclama la movilización general del imperio para la cruzada contra Barbarroja. Garcilaso participa en las tareas de reclutamiento y apresto de tropas. Hacia mayo hay reunido un ejército de 20.000 soldados. Carlos cuenta con la ayuda del Papa y de la Orden de San Juan y el rey portugués pero no con Enrique VIII de Inglaterra que formaba ya en la filas protestantes, ni de Francisco I, que envía un mensaje de aviso a Barbarroja.
Las tropas, 30.000 hombres en 300 galeones, mandadas por Andrea Doria, salen desde Cerdeña hacia tierra africana. Desembarcan cerca de las ruinas de Cartago.
Apenas transcurrida una semana, Garcilaso es herido en una escaramuza en la boca y en el brazo derecho. Garcilaso alude a ello en un soneto que allí escribe a Boscán:

“Y así, en la parte en que la diestra mano
gobierna, y en aquella que declara
los conceptos del alma, fui herido.
Mas yo haré que aquesta ofensa, cara
le cueste al ofensor, ya que estoy sano,
libre, desesperado y ofendido”.

    La consecuencia de las heridas son una cicatriz en el rostro y un defecto en el habla que Francisco de Herrera dice que impregnará su dicción de un dejo no exento de cierta gracia infantil.
Por fin se logra asaltar la Goleta. Se decide a continuación iniciar los preparativos para asaltar Túnez, a pesar de que el ejército estaba muy mermado después de casi dos meses de campaña. Los cautivos del interior se sublevan y abren las puertas a los invasores, que la toman la plaza con facilidad.
Recuperan las armas de don García, padre de Fernando Alvares de Toledo, muerto 25 años atrás en los Gelves.

    Los expedicionarios regresan a Trápani. Allí muere don Bernardino, el hermano menor del Duque de Alba. Garcilaso escribe una sentida elegía, donde expresa su desencanto de la vida militar:

“¿A quién ya de nosotros el exceso
de guerras, de peligros y destierro
no toca y no ha cansado el gran proceso?
¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro
del enemigo? ¿Quién no vio su vida
perder mil veces y escapar por yerro?
¡De cuántos queda y quedará perdida
la casa, la mujer y la memoria,
y de otros la hacienda despendida!
¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria?
¿Algunos premios o agradecimientos?
Sabrálo quien leyere nuestra historia”…

    También escribe una epístola a Boscán en la que denuncia la hipocresía de los aduladores del emperador, apunta su empeño en simultanear el ejercicio de las armas y las letras y expresa su temor de que su amante napolitana le haya olvidado:

“Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte,
de túnica cubierto de diamante
y endurecido siempre en toda parte!,
¿Qué tiene que hacer el tierno amante
con tu dureza y áspero ejercicio,
llevado siempre del furor delante?
Ejercitando, por mi mal, tu oficio,
soy reducido a términos que muerte
será mi postrimero beneficio”.

    Hace una definición de su situación, entre las letras y las armas:

“Yo enderezo, señor, en fin, mi paso
por donde vos sabéis que su proceso
siempre ha llevado y lleva Garcilaso;
y así, en mitad de aqueste monte espeso
de las diversidades me sostengo,
no sin dificultad, mas no por eso
dejo las musas, antes torno y vengo
dellas al negociar, y variando,
con ellas dulcemente me entretengo.
Así se van las horas engañando,
así del duro afán y grave pena
estamos algún hora descansando”.

    Sobre el temor de que su amor napolitano le haya olvidado dice:

“Allí mi corazón tuvo su nido
un tiempo ya, mas no sé, triste, agora
o si estará ocupado o desparcido”.

    Las tropas del Emperador son espléndidamente recibidas en Nápoles. Pero el paréntesis festivo dura poco porque Francisco I sitia Milán. Carlos V va a Roma a pedir la alianza del Papa, del cual sólo consigue su palabra de neutralidad. En Roma tiene lugar un célebre discurso de Carlos V ante el Papa y los grandes allí reunidos, en el que explica (en idioma castellano) su punto de vista respecto al conflicto con Francisco I.

    Carlos y su ejército marchan hacia Milán y son recibidos con fiestas en Florencia. Allí debió de comenzar la Égloga III, que prosigue durante la campaña de Provenza.

“Entre las armas del sangriento Marte,
do apenas hay quien su furor contraste,
hurté de tiempo aquesta breve suma,
tomando ora la espada, ora la pluma”…

    Su ánimo es ciertamente pesimista:

“Mas la fortuna, de mi mal no harta,
me aflige y de un trabajo en otro lleva;
ya de la patria, ya del bien me aparta,
ya de mi paciencia en mil maneras prueba”.

    La Égloga III trata de cuatro ninfas, que en la orilla del Tajo tejen sendos tapices: Filódoce (Orfeo y Eurídice), Dinámene (Apolo y Dafne), Climene (Adonis) y Nise (Isabel Freire ¿o Beatriz de Sá?). El paisaje de Toledo adquiere categoría de paisaje mitológico:

“Pintado el caudaloso río se vía,
que, en áspera estrecheza reducido,
un monte casi alrededor ceñía,
con ímpetu corriendo y con ruido;
querer cercarlo todo parecía
en su volver, mas era afán perdido;
dejábase correr, en fin, derecho,
contento de lo mucho que había hecho.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí, por el sembrada,
aquella ilustre y clara pesadumbre
de antiguos edificios adornada”…

    Pero en Florencia está apenas una semana. El emperador lo manda a Génova con un mensaje para Andrea Doria. Le lleva la comunicación de los planes del emperador, consistentes en que el grueso del ejército atacará por Italia y una parte entrará en Francia por Luxemburgo para distraer la atención de Francisco I y amenazarle París.
A su regreso junto al Emperador, Garcilaso es nombrado maestre de campo y capitán de un tercio de 3.000 soldados españoles, a los cuales marcha a esperar a Génova, pues vienen de Málaga en 25 galeras. El objetivo es conquistar Marsella para, desde allí, controlar el Mediterráneo. Garcilaso forma parte de las fuerzas que ponen asedio a Marsella, pero éste no llegará a realizarse. Después de un mes faltan las vituallas a causa de la estrategia de “tierra quemada” que aplican los franceses.
El último documento que tenemos de Garcilaso es una carta que envió el Duque de Alba al emperador –con Garcilaso de correo–, contándole la muerte del general Antonio Leyva. Cuatro días más tarde recibiría Garcilaso una herida de mortales consecuencias.

“La muerte airada”

    Las circunstancias de la muerte de Garcilaso han sido objeto de distintas versiones, francesas unas y otras españolas. La versión más verosímil es la que proporciona un testigo ocular, llamado Martín García Cereceda, arcabucero del ejército imperial. Éste es el relato literal:
«El martes que el Emperador salió de Gunfarón llegó a Muy, do se alojó con su corte y avanguardia. Aquí en Muy hay un muy estrecho paso, vecino a la puerta de la villa, y este paso es una pequeña puente pegada a una fuerte torre que era alta y redonda. Tenía pegado a sí esta torre un pequeño cuarto de casa, que también era fuerte, tanto o más que la torre. Aquí en esta torre había catorce personas, que eran doce hombres y dos muchachos. Estos estaban en esta torre encubiertos, que no se habían visto hasta que uno del palacio del Emperador, queriendo subir a la torre por una escalera que puso, los que en la torre estaban, lo dejaron subir hasta el segundo solar o bóveda, mas cuando quiso subir a lo más alto, donde ellos estaban, se puso uno dellos a la boca de la bóveda diciéndole que no subiese. Viendo esto el que subía, le demandó que quién eran los de la torre, y éste dijo que eran franceses y que no subiese allá. Viendo esto éste del palacio del Emperador, se abajó y lo hace saber al Emperador. Como esto fue sabido por el Emperador, manda que fuesen a saber qué gente eran, y así fueron ciertos caballeros; demandoles qué hacían allí: los caballeros les decían que se saliesen de la torre y que se fuesen a do fuese su voluntad, y ellos respondieron que no era su voluntad salir de la torre. Viendo esto el Emperador, quiso ver qué gente era y a qué estaba allí, y así mandó que con el artillería que con el avanguardia era arribada se diese batería a la torre y así se dio y se hizo un pequeño portillo en la torre. Como este portillo estaba hecho, don Jerónimo de Urrea, caballero español, con una mala escala arremetió a la torre y entró por el portillo dentro en la torre. Tras de don Jerónimo de Urrea quiso subir el capitán Maldonado y el maese de campo Garcilaso de la Vega, entre los cuales hubo alguna diferencia por la subida. A la hora llega don Guillén de Moncada, hijo de don Hugo de Moncada, diciendo: Señores: suplícoos, pues vuestras mercedes tenéis tanta honra, que me dejéis ganar a mí una poca honra’. A la hora le respondió el capitán Maldonado diciendo: ‘Para tan valeroso caballero poca honra es ésta; suba vuestra merced’. Así fue la segunda persona don Guillén Moncada. Subiendo Garcilaso de la Vega y el capitán Maldonado, los que en la torre estaban dejan caer una gran gruesa piedra y da en la escalera y la rompe, y así cayó el maese de campo y capitán, y fue muy mal descalabrado el maese de campo en la cabeza, de lo cual murió a pocos días. Pues como dentro en la torre hubiesen entrado don Jerónimo de Urrea y don Guillén de Moncada, hablaron con los de la torre, diciéndoles tantas y tan buenas palabras, por lo cual uno de ellos seguido por una soga abajó a la bóveda donde estaban estos dos caballeros. Este que abajó había sido soldado de Fabricio Marramaldo, y éste se rendía con todos los otros a merced del Emperador. Como los otros lo sintieron no quisieron pasar por ello, y así tornaron de nuevo estos caballeros a rogalles que se rindiesen. Ellos dijeron que se rendían con condición que no les echasen en las galeras como los otros de las otras villas, y como esto oyesen aquestos dos caballeros, lo hacen saber al Emperador. El Emperador se lo concedió de no envialles en galeras como ellos demandaban, y así salieron de la torre. El Emperador los mandó dexaminar y que supiesen que eran de la villa de Muy y se habían subido allí hasta que el campo fuese pasado, y otras cossas que no eran de buenos soldados. Así el Emperador mandó que no los llevasen en galeras, más que aforcasen a los doce hombres, y que desorejasen a los muchachos. Así fueron ahorcados de una ventana de un palacio vecino de la torre. El día siguiente fue el Emperador a Frejus».
Trasladan a Garcilaso herido a Frejus, donde el ejército permanece cinco días; y posteriormente marchan a Niza, donde alojan al herido en el palacio del duque de Saboya.
Su agonía dura veinticinco días.

El 14 de octubre de 1536 Garcilaso muere en Niza y es sepultado en la iglesia de Santo Domingo.

    Dos años después, a instancias de su viuda, doña Elena de Zúñiga, el cadáver de Garcilaso fue trasladado a Toledo (desatendiendo la disposición testamentaria del poeta: “Si muriese pasada la mar, déjenme donde me enterraren”), siendo depositado en el sepulcro de la capilla del Rosario de la iglesia conventual de San Pedro Mártir.
Los restos del poeta no encontrarían aún definitivo reposo, pues tras la Revolución de 1868 fueron trasladados a la iglesia madrileña de San Francisco el Grande, a la espera de edificarse un panteón de glorias nacionales. Sin embargo, éste no se llevó a cabo, y los restos regresaron a Toledo en 1900, depositándose en la misma capilla de donde salieron casi treinta años antes.

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