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En Madrid 1882 , a los 26 años de edad, la leridana Martina Castells y Valdespí, tras licenciarse en Barcelona, se convierte en la primera mujer española que logra el título de doctor en Medicina.
Mujer adelantada en su tiempo que debe superar un mundo de obstáculos. Si bien, a lo largo de los tiempos, las mujeres han sido sanadoras -metgesses, comadronas o farmacòlogues con extraordinarios conocimientos de hierbas medicinales- no se les facilita el camino hacia estas disciplinas. Como sus hermanos Federico, Camil y Rossend, Martina pertenece a un linaje de médicos leridanos, el padre Martín Castells y Melchor, médico de baños, es la tercera generación iniciada por el bisabuelo. Sin embargo, la realización de los estudios no le resulta fácil tanto por su salud como por el hecho de ser mujer y, todo, agravado por la muerte de un hermano ahogado en el río Segre.

A los 8 años, deja los estudios y se va a casa de unos tíos en Zumaia para curarse de una oftalmía. Allí, aprende el vasco en pocas semanas. Posteriormente, tiene una corea y, por causa de todo esto, la joven dedica todo el tiempo a escribir, particularmente, poesía.

La Revolución de 1868 conlleva un cambio en la vida de Martina Castells ya que el nuevo gobierno permite que las mujeres estudien carreras científicas. Martina vuelve a los estudios y termina el bachillerato en el Instituto de Lleida para ingresar, en septiembre de 1877, en la Facultad de Medicina de Barcelona, ​​donde coincide con otras dos mujeres: María Elena Maseras y Dolores Aleu. Hace la carrera en cuatro cursos y se licencia en 1881. Antes de acabar los estudios de licenciatura, sin embargo, ya ha empezado a hacer gestiones con Madrid para no sufrir demoras en la obtención del título. Dirige una instancia al ministro de Fomento, encargado de los asuntos de instrucción pública, en la que-de forma valiente- califica la negativa a que las mujeres hagan el examen de licenciatura de “situación anómala y il • legal, fruto de la ignorancia y la superstición “. Denuncia que incluso el Congreso ‘se ha evadido del hecho’ que las mujeres puedan hacer el doctorado.

Terminados los estudios, junto con Dolores Aleu, solo • licita examen de licenciatura de Medicina el 20 de junio de 1881 pero no obtiene el permiso hasta el 4 de abril del año siguiente. Se examina los días 20 y 25 de abril de 1882 y obtiene la calificación final de aprobado.

El 9 de octubre del 1882, Martina Castells se doctora con la tesis Educación física, intelectual y moral que deberia darse a la mujer para que contribuya en Grado máximo a la perfección y la digo de la Humanidad en Madrid, en el Colegio de San Carlos con presidencia del decano Juan de Madoz. La tesis, según los diarios de la época, reivindica la educación de la mujer, la evolución de la representación de la mujer para la historia y la felicidad de la mujer y la col • lectiva de la humanidad. El doctor José de Letamendi es su padrino de tesis y dice que tuvo como una predestinación para la medicina hipocrática gracias a su familia.

Superados los ejercicios del doctorado, el Tribunal decide suprimir el acto protocolo • lari de abrazar la doctorada por el hecho de que es una mujer. La prensa del momento se hace eco de su éxito. Letamendi escribe en la Ilustración de la mujer, diciendo que la joven doctora es muy bien recibida por los jóvenes estudiantes, lo que contrasta con los presuntos redentores del país, el liberalismo de los cuales se tambalea ante una mujer que aspira a salir de la Trigon del cuna, la cocina y las labores como hacer punto.

Martina Castells se dedica a la Pediatría por consejo de Letamendi aunque no puede hacerlo mucho tiempo. Casada con el Dr. Constantino, médico militar del Instituto Pere Mata de Reus, muere joven, con 31 años. Tenemos referencia de su muerte, entre otras revistas de la época, en Independencia Médica y Gaceta Médica Catalana (1884).

Antes de morir, Castells escribe varios artículos pediátricos, que se publican en Gaceta Médica como: Procedencia del recto en el niño, Tratamiento de la Compresión de la carótida, Reumatismo articular agudo de la infancia y Coqueluche.

Lleida recuerda la doctora Martina Castells con un busto en la calle que lleva su nombre mientras que Reus, la ciudad donde muere, le dedica un paseo.

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