” 9 de Agosto … “

 

batallas

En el año 378 tiene lugar la Batalla de Adrianópolis (en la actual Turquía) cuando los visigodos se enfrentan al ejército romano de 60.000 efectivos liderado por el emperador Valente, que cae muerto en la contienda, junto a otros 40.000 romanos.
Tras esta batalla los bárbaros notarán la debilidad de Roma y seguirán haciendo frecuentes incursiones dentro del territorio romano, siendo el principio, en cierta medida, del declive del Imperio, que tras el saqueo de Roma en 410 por las tropas de Alarico, culminará con la caída definitiva en 476. 
 

La batalla de Adrianópolis tiene una importancia decisiva en la Historia ya que fue la derrota más importante de Roma después de Cannas y, a diferencia de ésta, sus consecuencias fueron terribles para el Imperio.

Adrianópolis fue el escenario de la batalla en la que las legiones romanas del emperador Flavio Valente, fueron derrotadas por los godos.

Ante la derrota de los visigodos por parte de los hunos, éstos buscaron asilo dentro del Imperio Romano, en la localidad de Moesia (al oeste de Adrianópolis, actual zona de los Balcanes).

Si bien el Emperador Valente estuvo de acuerdo con la acogida de las tribus, existían romanos que estaban en contra de la continua afluencia de tribus bárbaras.

En parte porque en ocasiones eran violentas y en parte porque ingresaban como federados al ejército, obteniendo la ciudadanía que, a partir del 286 bajo el reinado de Caracala, se daba a todos los habitantes del Imperio.
Lo cierto es que los visigodos fueron explotados por los romanos. La querella inicial se llevó a cabo entre Lupicino, funcionario romano, que no se privó de métodos corruptos para sacar ventaja de los bárbaros y Fritigerno, dirigente de los visigodos.

La avaricia y la extorsión de los oficiales romanos provocó que los visigodos declararan la guerra al imperio.

Dos años más tarde, con los visigodos todavía por someter, decidió poner fin a la guerra personalmente. Reunió a 40.000 veteranos de infantería y una mezcla de caballería pesada, arqueros a caballo y exploradores árabes (en total, aproximadamente 20.000 hombres).

A principios de agosto, Valente se encontró con los visigodos en Tracia, cerca de la ciudad de Adrianápolis. Valente se sentía animado por las noticias de las victorias contra los bárbaros que le llegaban de Graciano, emperador de occidente, y de su general Sebastián.

Además, sus exploradores le informaron de que el número de enemigos era muy inferior al que esperaban: aproximadamente 10.000 en total, y casi todos de infantería. Como si se tratase de confirmar su debilidad, el jefe visigodo Fritigerno se presentó ante Valente para pedirle la paz.

Confiado en la victoria, Valente despreció la oferta de Fritigerno.
El 9 de agosto de 378, Valente marchó desde Adrianópolis al lugar donde se enconraba el campamento visigodo de carros, o laager, en una cumbre situada a varias horas de camino.

Los visigodos intentaron continuar con las negociaciones y prendieron fuego a los campos que rodaban la colina con el fin de retrasar la llegada de los romanos. Finalmente, la infatería romana, frustrada por el retraso, tomó las riendas del asunto y se decidió a atacar.

El primer asalto, sin coordinación, fué un fracaso, pero los romanos veteranos se reorganizaron en un abrir y cerrar de ojos y volvieron a intentarlo, todavía confiando en la victoria.

En este punto de la batalla quedó clara la razón de los intentos de los visigodos de retrasar las cosas. La caballería pesada visigoda estaba fuera, tal vez en lagún asalto o saqueo.
Y entoncese hizo acto de presencia en un devastador golpe a la moral romana: 50.000 hombres, en formación compacta.

La caballería romana, totalmente superada, fue eliminada en el primer enfrentamiento y tomo desprevenida a la infantería. Su retirada colina abajo se convirtió en desbandada y derrota cuando los visigodos atacaron al enemigo desde los carros.

El general Sebastián murió intentando reorganizar a sus hombres. El emperador Valente murió en la batalla o inmediatamente después.

Fue “el final de toda la humanidad, el final del mundo”, se lamentó san Ambrosio .
Sólo un tercio del ejército logró escapar, de manera que las bajas romanas se situaron en torno a los 40.000 hombres.
Fue el mayor desastre militar romano desde Cannas, y uno del que el Imperio nunca se recuperaría.

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